martes, 21 de agosto de 2012

Vida de Pi


Zoofilia corporativa

Pi Patel es un chico peculiar en más de un sentido. Su nombre es un homenaje a una gran piscina pública francesa. Sus amplias creencias religiosas le han hecho profesar su fe al hinduismo, al cristianismo y al Islam a partes iguales. Por último  su familia gestiona un zoo.  Estos tres rasgos han definido por completo la formación de este joven indio que verá cómo la vida le da la vuelta por completo a su mundo cuando se hunde el barco en el que viaja con su familia a Canadá. Como únicos supervivientes, una cebra, una hiena, un orangután, un tigre de bengala y Pi.

Empieza así el verdadero núcleo narrativo de esta historia. Aquí es donde se da la carnaza y donde se aplicarán con una extraña lógica las leyes del darwinismo. La búsqueda de alimento para este arca de Noé de dimensiones reducidas, la crisis de fe para alguien con tres grandes religiones a sus espaldas y el establecimiento de las dinámica de poder serán los tres pilares sobre los que zozobre este libro.

Cuando no te queda atadura alguna con tu propia especie, tirar de la cadena alimenticia puede ser una pésima decisión.




Narración naufraga

No estamos ante un libro complicado. Su estructura es muy básica.  Y a veces roza la novela juvenil. En un contexto en el que el joven Pi no puede interactuar con ningún otro humano, los pensamientos, las descripciones y sus intentos de supervivencia son el exosqueleto de la novela de Martel.

En más de una ocasión me ha resultado repetitivo ver el reducido espacio en el que los personajes se mueven, así como la carencia de sorpresas a partir de cierto punto de no-retorno hasta bien llegado al final. El autor vuelve un poco a sus orígenes en el último tramo. Nos desvela uno de los pasajes más interesantes de la novela: la isla de algas.

A pesar de la traca final, con sorpresa ambigua incluida, no estoy nada convencido del recorrido por el que nos lleva la novela. El tono se pierde con frecuencia y la traducción hace aguas en más de una ocasión.

Fondo y forma se coordinan mal. Tropiezan. Discuten. Y el lector sufre las consecuencias de esta pésima sincronía.



Disfraz de tigre

Vida de Pi ganó el Man Booker Prize del 2002. Además en otoño dará el doble salto mortal a la gran pantalla de la mano de Ang Lee. Puro ruido mediático. Porque tanta prensa, tanta visibilidad sólo evidenciará que esta manada de palabras que forman el libro carece de un alfa que dirija sus pasos. Anda en el peor estado de salvajismo posible. Desconoce una buena estrategia para acometer al lector, sólo hace movimientos bruscos, bufa, huye y arremete sin orden ni lógica de manada. Y es una pena, porque la idea parecía un buen cebo para que cayésemos en sus redes, pero el ojo avizor ha saltado. Nuestro instinto de supervivencia se ha activado. Sigue funcionando de forma infalible. Nos recomienda alejarnos. Poco hay aquí que nos nutra. Y mucho que nos derribe de puro sopor.



La vida en un bote salvavidas no es que sea la gran vida. Se parece al final de una partida de ajedrez, cuando sólo quedan unas cuantas piezas. Los elementos no podrían ser más básicos, ni el riesgo más alto. A nivel físico, es terriblemente arduo y a nivel moral, es letal. Hay que adaptarse para poder sobrevivir. Hay que aprender a prescindir. Tienes que disfrutar de la felicidad cuando se da. Llegas a un punto en que estás en las profundidades del infierno, pero tienes los brazos cruzados y una sonrisa en los labios y te sientes la persona más dichosa de la tierra. ¿Y por qué? Porque a tus pies hay un pececito muerto.

4 comentarios:

  1. Mucho me han recomendado este libro, incluido mi profesor de inglés (supongo que porque su lectura es fácil), aunque de esa manera de recomendar un tanto abstracta que no nos dice nada: tienes que leerlo, es muy bueno, te va a gustar... pero sin especificar. Con tu entrada me queda algo más claro de qué va el libro, aunque veo que es un poco caótico. No descarto leerlo aunque ahora sí, con menos expectativas puestas en él. Suelen suceder a menudo estos fenómenos editoriales que luego no valen tanto como tratan de vendérnoslos. Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Yo lo tuve durante años en mi estantería. Creo que lo he comprado cuando todavía leía algunas novelas juveniles. Pero, desafortunadamente (o no tanto), no lo he conseguido terminar. Ahora, ante esta reseña y transcurridos algunos años, tengo claro por qué lo he dejado a medias. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. -Carol, lo cierto es que yo también había oído cosas maravillosas de él. Pero las expectativas me han jugado una mala pasada. Si lo lees, espero saber si coincidimos o no. Un abrazo!

    - Offuscatio, creo que hay un punto de no retorno en los libros. A partir de ciertas lecturas transformativas, ya no puedes leer cualquier cosa. Este libro, creo, pertenece a otra época anterior. Lejos del lector que soy eres. Intuyo que a ti te ocurrió lo mismo. Un saludo!

    ResponderEliminar