domingo, 22 de febrero de 2015

La escuela de la carne

Admito que he entrado por la portada. Sé que es Mishima, sé que su historia truculenta de pasiones mal direccionadas me ha hecho quedarme. Pero un día entré en la librería y fui consciente de esta edición de bolsillo de portada maravillosa y decidí que se venía conmigo. Da igual lo que fuese a buscar ese día. A efectos prácticos, ya ni importa. Fue esa nuca inesperada, fueron las ondas irreales del pelo de alguien que parece dormir. La tranquilidad de un muerto sin nada que decir. La calma inexacta de tener cerca y no tener acierto alguno a conocer a la persona que duerme a nuestro lado.

Sí, la portada me arrastró sin saber que esa imagen extraña ya era parte de la historia que Mishima me estaba contando. La historia de cómo podemos forzar a otro humano a compartir con nosotros nuestra propia red de mentiras.



Ritos de iniciación tardíos

Taeko Asano es una mujer independiente, divorciada y triunfadora. Tiene una red de amistades y un selección de hombres que la dejan satisfecha en todos los ámbitos de su vida. Este éxito sofisticado del que hace gala cobra mayor validez si tenemos en cuenta que estamos en el Japón de los años 60. Si es cierto que en medio mundo se está viviendo un revolución de género, también lo es que los ecos de dichos cambios llegan tímidamente al archipiélago nipón. Pero eso no impide a la señorita Asano moverse como pez en el agua entre extranjeros y hombres de negocio provenientes de antiguas castas. Hasta que llega él. Y todo se tuerce.

Es terrible. Toda la independencia. Todas las conquistas y la quema comunitaria de sujetadores, a veces quedan extinguidas por la llegada de un él que no vimos acercarse. El de Taeko se llama Senkitchi. Y su belleza es tan absoluta como menguante su moral. El contexto del encuentro no puede ser más revelador, un bar gay del centro de Tokio. Y la primera revelación no deja a nadie indiferente: por un módico precio, Senkitchi puede ir a casa de cualquiera. Desde este punto hasta casi su más inminente final, vemos cómo Taeko pasa por un amplio espectro de emociones que la llevan a ser desde una mera consumidora de la carne por la que paga a convertirse en la salvadora de alguien que sabe bien cómo sobrevivir sin ayuda de nadie.

La Taeko de la sonrisa interna, la Taeko de la quietud eficiente va quedándose atrás. Y una nueva versión convulsa e incontrolable va ocupando el espacio. Como una gemela oscura. Como alguien expuesto a superar un rito de iniciación cuando ya pensaba que la vida no tenía más sorpresas. Un aprendizaje lento y mezquino sobre las verdaderas intenciones que nos escondemos a nosotros mismos.



De lejos, Mishima

Es cierto que no estamos ante una de las obras más representativas del autor japonés. Y hasta bien entrados en su trama, no podemos atisbar dónde quieren ir a parar todas esas citas, encuentros furtivos y enfados de enamorados. Una novelita menor de temática romántica con el Monte Fuji de fondo. Claro que, la mente retorcida de su autor difícilmente nos dejaría salir impunes o limpios de cualquiera de sus obras. Y es que Mishima, tarda en aparecer, pero aparece. Sin desvelar trozos argumentales, sólo diré que la muerte como respuesta a conflictos irresolubles se vuelve presente. Y que la belleza, la pasión y el dolor como moneda de cambio hacen que estemos ante una muestra menor, pero resabida, de su bibliografía. Una hija ilegítima que sabe perfectamente cómo se llama su padre y no tiene pudor en decirlo abiertamente.

El amor no se gana con las cartas bocarriba. La mentira sabe dónde está el tobillo de aquel que podría marcharse y no volver. Y es que Mishima, usando la voz ingenua de Taeko, va dejando que entremos en el juego de marras, donde ser uno mismo desde el principio es un craso error. Y esto es tan válido para los personajes como para el propio autor.


Tú, hoguera en llamas

Lo llaman prueba de fuego, pero nadie te dice que eres tú el que está ardiendo. Puede que ni siquiera ellos lo sepan. El humo podría venir de cualquier lugar. Pero tú lo sabes. Reconoces el olor de tus propios deseos formando una pira que no se detiene, que no reconoce a su amo. Una vez que han empezado los fuegos no artificiales, la diversión está asegurada. Y digo diversión porque esta mente desde la que escribo entiende el potencial decorativo de cualquier purgatorio.  Entiende que quemar es una de la formas más unívocas de empezar de cero.

Mishima, que sabe de mentes febriles, construye una hoguera sustentada por la combustión que produce un humano insoportablemente bello. Porque, admitámoslo, llevamos años y años y horas evolucionando, pero aún no somos inmunes a la belleza, ni siquiera a esa que huele a quemado. Sucede en Japón, sucede en tu calle, sucede en la fiesta a la que no fuiste anoche. Aunque hoy seas conscientes de todas las consecuencias. Y es que el autor japonés pone sobre la mesa uno de los temas universales más inamovibles. Llega algo hermoso y nuestro cuerpo, desde las orejas a la entrepierna, sucumbe. Y ya, la chispa está encendida. Todas las señales están ahí. Para ti. Para la señorita Taeko. Para aquellos que te observan desde un café cualquiera de Shinjuku. Nada tiene que ver con el amor. Nada que ver con la perpetuación de la especie. Aquí sólo hay algo que puede arder. Y algo que se enciende.
Fotografía de Miki Takahashi

8 comentarios:

  1. Le tengo muchísimas ganas a Mishima, y la verdad es que me ha pasado como a ti con la portada de este en concreto: hipnotiza.

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    1. Hola Jorge!

      Esta puede ser una buena puerta de entrada. Toca ciertos temas que verás aparecer en su obra. Y no exige mucho tiempo. Ya me dirás que tal.

      Gracias por pasarte.

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  2. Vaya que interesante, todo lo japoné´s´´mé´chifla.
    V.

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    1. Dale una oportunidad a Mishima. Es un producto nacional japonés digno de contemplar.

      Un saludo!

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  3. Es que ni me entero de cuando publicas.... en fin, ya no me quejo más. Mishima me fascinó aunque solo he leído un libro , es más, me estoy leyendo una biografía del autor escrita por Yourcenar porque quiero seguir pero los japoeneses me dan pánico. Yo, que andaba tan ilusionado creyendo que por fin empezaba a entenderlos tras leer Tonbo me di de bruces con mis propias ilusiones al comprobar que la autora está afincada en Montreal y que no estaba leyendo una traducción sino la versión original. Entre tanto vaivén, tanta duda, tanto pánico escénico ante la prosa nipona, noencontraba por donde seguir con Mishima y creo que me aclaras la duda, tomo tu reseña como preludio y ya me dirás si me he enterado de algo si lees mi reseña. Un abrazo.

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    1. Hola José!

      No sé qué pasa con los feeds entre tu página y la mía!

      Mishima es un tipo difícil. Una vez entras en su estilo y en su universo temático, decides si te quedas o te vas. Porque no es para todo los gustos. Lo que sí es cierto es que es una voz bastante diferente a todo lo que se cuece en su país de origen. Y eso, con todo lo japonés publicado, es un punto a su favor.

      En cuanto a la película, ni idea. No he tenido la oportunidad de verla.

      Gracias por pasarte!!

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