¿Os
ha pasado alguna vez? Dejas caer el libro que estabas leyendo y abres uno que
te llama desde el lugar más recóndito de la estantería. Piensas ¿ahí había un libro? y lo abres y sabes
que tienes que hacerle frente a su lectura porque, por algún motivo que aún
desconoces, es importante que ese libro en concreto ocupe tu tiempo. Bueno, a
mí me ha pasado. Y es que este Naíf.
Súper ha colapsado mi capacidad de procesar otra información que no sea la
suya. Y no, no es síndrome de Estocolmo, pero debo dar las gracias por este
bendito secuestro.
De pronto, no siento nada
Él
ha intercambiado cualquier sentimiento por el de la ira. En un momento que no
sabe identificar, sucumbió a un estado embrionario en el que las emociones aún
no se han formado y por tanto no puede relacionarse con otros humanos. Él,
protagonista absoluto de esta novela, deja todo lo que conlleva interactuar con
otras personas y se refugia en el piso de su hermano ausente. Él, que no sabe
lo que quiere, que le pesa el tiempo sobre su cabeza como una teja mal
colocada, busca un anteproyecto, un pequeño esquema que le indique cómo seguir.
Mientras, golpea un tablón de madera, elabora listas, le envía faxes a un amigo
meteorólogo y busca desde dónde vendrá la siguiente tormenta.
