Hasta
que la novela de Kiernan no estuvo en la calle, ya avanzado un tiempo, no tuve
conciencia de la existencia de ella. Luego, cuando vi la hermosa edición que
Valdemar se había trabajado, así como la historia de la creación artística a
través de la psicosis y la locura, no pude más que ir en su búsqueda. Ahora,
tras haber acabado la novela, puedo decir que el viaje ha sido satisfactorio
pero con considerables altibajos. La magia ha sido forzada en algunos recodos y
quizás eso ha resentido mi lectura, pero es innegable el talento de la autora
para crear ambientes, así como una prosa hipnótica. Hay sin duda mucho que sale a flote en esta novela sumergible.
Las musas saben dónde vives
Imp
ha escuchado el canto de las sirenas y el aullido del lobo. La llamada de lo
salvaje resuena en su cabeza a un volumen ensordecedor. Porque Imp es la última
superviviente de una larga tradición de mujeres esquizofrénicas. Una bestia
agazapada que anida en su mapa genético y que se manifiesta ante los estímulos
más inesperados. Sobre todo si esos estímulos tienen una naturaleza
sobrenatural. Y es que Imp está obsesionada con un cuadro, La joven ahogada, que una vez vio en un museo, y con todo lo que
dicha imagen esconde. Que es mucho. La sombra de una sirena y la promesa
de una muerte horrenda anidan en sus fibras. La llegada de dos criaturas transformadas
en auténticas mujeres hará que la batalla se desencadene: en primer lugar,
Abalyn; en segunda posición y por partida doble, Eva. Las tres piezas claves de
este rompecabezas en el que la imagen formada tras su resolución dista mucho de
ser complaciente y lógica.
La
promesa de salir a flote o de hundirse para siempre en el misterio que carece de
aire y presume de profundidad. Esta es la historia de dicha dualidad amenazante.
El relato de cómo todo se distorsiona dentro de nosotros para otorgarnos nuevos
roles, nuevos patrones de conducta y nuevas formas de mirar a aquello que ya
nos ha vencido anteriormente.










