sábado, 15 de agosto de 2015

Hombres sin mujeres


Desde que tengo uso de razón literaria siempre he tenido un libro de Haruki Murakami pendiente. Y aunque no sé si podría entrar dentro de la categoría “autor prolífico”, lo cierto es que el racionamiento de sus obras han creado una sensación de perpetua presencia. No conozco a nadie que haya sufrido una sequía murakaminiana. Este paquete de cuentos me remiten directamente a aquéllos que yacían dentro de Sauce Ciego, Mujer Dormida. Aquél fue mi primer encuentro con la narrativa breve del japonés, un laboratorio de experimentos con fluorescentes parpadeantes que otorgaron a mi idea de tiempo y espacio un salto evolutivo. Esto lo digo porque he olvidado muchos pasajes de sus novelas más emblemáticas, pero tengo aún arraigado dentro a un hombre que usa pasta italiana para aislarse o la contemplación de los males del mundo en el vómito provocado por un consumo excesivo de cangrejo. Sí, Murakami es ortodoxo en sus novelas y un espíritu kitsune en su narrativa breve. Estos siete cuentos vuelven a dejar claro la viveza de la fantasmagoría contemporánea. Porque, ¿qué es una historia de una ausencia sino una historia de fantasmas?

viernes, 7 de agosto de 2015

Yo te quise más

Alguien con quien me acostaba me dio a conocer a Spanbauer. Era un libro usado y escrito en los márgenes que hablaba sobre vaqueros, padres ausentes y formas de follar nunca antes vistas. Ya se sabe que aquello que entra con sudor suele tener una permanencia mucho mayor en nosotros. Todo lo que sabía sobre literatura cambió en ese instante. Todo lo que sabía sobre sexo e identidades cambió también, pero un poco más tarde. Ambos descubrimientos no tienen conexión alguna, pero las circunstancias fueron prácticamente las mismas. El contexto lo es todo. McLuhan estaba equivocado. No es el medio, sino el contexto lo que es el mensaje. Y ahora, cada siete años, Spanbauer vuelve a mi puerta como todos esos hombres intermitentes que vuelven a cualquier lugar conocido tras una cacería interminable. En este caso, el tío Tom trae una novela sobre la capacidad de transformarnos ante aquellas personas que llegan a nuestra vida en el momento exacto. El contexto es el mensaje. El momento es el mensaje. El sexo es el mensaje. McLuhan no sabía nada de la vida ni de cómo es eso de follar entre hombres.

viernes, 19 de junio de 2015

Gracias por la compañía



Las primeras citas son lo único que nos ha quedado de la idea clásica de purgatorio. ¿Quién no ha fingido alguna vez ir al baño para pasar por caja y pagar su parte de la cena antes de salir por la puerta de empleados? Existe toda una literatura sobre primeras veces porque hay material suficiente para hablar de ello hasta la siguiente fase evolutiva, una mucho más sabia en la que, a la hora de conocer a alguien, se te ofrece un estudio de mercado, un análisis psicopedagógico y una serie de entrevistas breves con familiares y amigos cercanos al sujeto en cuestión. Sí, las primeras citas sacan lo peor de ciertas personas, concretamente de aquellas que se sientan frente a ti. Mi primera cita con David Foster Wallace fue un error absoluto de fondo y forma. Me pareció insoportable y repulsivo. Mi primera cita con Lorrie Moore me pareció algo mucho más terrible. Y es que no hay nada peor que aquello presumiblemente divertido. Aquello que te subraya Ríase Aquí. Con Foster Wallace pude resarcirme. Admití mi error y acabé claudicando ante el talento de este señor con problemas severos de sudoración. Ahora, la justicia cósmica ha puesto a Moore otra vez en mi camino. Y, para mi sorpresa, me ha gustado, me he reído y he podido relajarme un poco en el tú a tú. Quizás es hora de que empiece a asimilar que lo que sale mal en todas mis primeras citas soy yo.

domingo, 7 de junio de 2015

Los Tejedores de Cabellos

¿Qué hago leyendo una novela alemana de ciencia ficción que fue publicada en 1995? No puedo evitar responder a eso con otra pregunta ¿qué haces que no la estás leyendo tú? Porque hay algo dentro de Los tejedores de cabellos que se ha burlado del tiempo durante veinte años y sigue vivo y sigue nuevo. Algo en la historia de un planeta perdido y dejado de lado me ha secuestrado durante cuatro noches seguidas. Para que te hagas una idea, esta novela es como esas pelis indie que sólo puedes conseguir por canales ilegales, esas que tu culture dealer te insista a que pruebes antes de que la Autoridad sea consciente de la filtración. Sí, aquí la autoridad, el tiempo y cosas injustamente olvidadas giran en torno a una misma idea: la capacidad de supervivencia de la belleza es inaudita y autorreferencial. Los motivos se mueren o se borran. Pero el acto de lo bello permanece intacto. En serio, os juro que es ciencia ficción.

domingo, 31 de mayo de 2015

La Nostalgia Feliz

Nothomb y Japón es un binomio cuya eficacia ha quedado demostrada en más de una ocasión. El histrionismo orgánico de la belga casa a la perfección con la excentricidad zen de la cultura nipona. Han nacido el uno para el otro, nacimiento que hemos presenciado en primera persona en Metafísica de los tubos. Amén de su ruptura dolorosa acaecida en El sabotaje amoroso y su regreso laboral y sentimental en los años 90 a través de Estupor y temblores y Ni de Adán ni de Eva. Sí, la relación de estos dos elementos es prolífica y poliédrica. Pero lo que acabó cerrado, vuelve a abrirse. Y es que tras este título antitético, La nostalgia feliz, se esconde una concepto raro y necesario del japonés, así como una vuelta de tuerca no tan satisfactoria como lo esperado de Nothomb y su fascinación por la tierra de los samuráis. No en vano alguien dijo que uno nunca debería regresar tiempo después a aquellos lugares en los que fue feliz. Ni siquiera por nostalgia.

domingo, 10 de mayo de 2015

Amanecer Rojo

El rojo no es un color. Ni dentro ni fuera de este libro. Pero la idea de un color asociado a otra cosa es algo fácil de entender. Algo que puede llegar a mover a las masas porque no se necesitan intermediarios ni complicadas elucubraciones. Y es que cada vez se perfilan en mayor detalle todas esas distopías adolescentes que acampan a sus anchas en la literatura en la que acabo cayendo últimamente. Lo más reciente que ha ido a parar a mis manos es el principio de una trilogía que no se anda por las ramas a la hora de hablar de opresores y proletariado. Y aunque nada de lo que cuente sea nuevo o rompedor, lo cierto es que la primera novela de Pierce Brown es fácil de leer y lleva adelante a un ejército de personajes con soltura. No es un libro perfecto, pero ha puesto un pie fuera del género a la hora de retratar cierta sordidez y funestas decisiones. Y eso siempre es algo digno de agradecer.


viernes, 1 de mayo de 2015

Las lecciones peligrosas

Alissa Nutting ha revolucionado el término ‘incómodo’ llevándolo a otro nivel. Ha cruzado todas las líneas, se ha pasado de la raya y ha puesto el listón tan imposiblemente alto que nadie podrá llegar con un librito propio y provocarnos cortocircuitos en la tripa. Después de esto, no. Son infinitas las referencias que podrían arrojar algo de luz a la creación del monstruo que acampa a sus anchas en esta novela. Pero no estoy por la labor. No haré comparaciones que me hagan domesticar el miedo. Porque al miedo hay que mirarlo de frente para saber cuánto mide, qué está masticando y cómo nos has encontrado. Sin duda, Las lecciones peligrosas es un tratado sobre el deseo entendido cómo la capacidad humana para autoinmolarse, para encender la mecha sin dejar de sonreír aún sabiendo que ese trocito insignificante de cuerda desemboca en nosotros. Nunca he leído nada igual. Y espero no volver a hacerlo en mucho tiempo. De hecho, no pienso leer nada más hasta que Nutting vuelva a publicar algo, lo que sea.


domingo, 19 de abril de 2015

Noggin


Noggin. Una sola palabra en el título y toda una portada para especular. Chaveta, chorla, mollera. El lugar donde nacen todas las expectativas y las frustraciones. El 90% de nuestros aciertos y de nuestras pifias más absolutas suceden de cuello para arriba. Cuando todos empezaron a hablar de una novela sobre la incapacidad de una cabeza de adaptarse a su antigua vida con un nuevo cuerpo, no pude negarme. Entré de lleno en la historia de Travis Coates y su segunda oportunidad. Otra de mis incursiones de este año en toda esa literatura adolescente que tenía pendiente. Lo que encontré, sin embargo, fue un pelín desconcertante y poco explosivo. Vayamos por partes (prometo no hacer ninguna otra broma fácil).

lunes, 13 de abril de 2015

Jungla de Saltamontes


Jamás hubiese leído algo como Jungla de Saltamontes. No sabía quién era Andrew Smith hasta hace un par de meses. Y esa portada horrible de tres adolescentes huyendo por un maizal, perseguidos por un ejército de mantis cicladas no tenía nada que ver conmigo.  Claro que la historia tiene una forma retorcida y truculenta de hacerte ver lo que necesitas ver de un modo u otro. Y no hay instrumento del destino más afilado que este señor y sus reseñas sobre toda esa literatura de serie B por la que me siento fascinado. No tardé mucho en encontrar el libro en la última balda de una estantería cualquiera de una librería cualquier de Barcelona. Detrás de un montón de romances paranormales y chicas anémicas, aparecieron miles de patitas de insecto curvadas, de antenitas diabólicas capaces de detectar al lector que las buscaba. Jamás hubiese entrado en esto por mí mismo. Pero la historia ha demostrado que todas las veces que tomamos un camino que no aparece en nuestros mapas, llegamos a lugares que nunca habíamos visto. Los mapas no sirven para nada. Check. Los adolescentes y los bichos sólo quieren follar. Check. La lectura más bizarra de la década. Check.

domingo, 5 de abril de 2015

Para acabar con Eddy Bellegueule

Lo cierto es que he evitado hablar de este libro tanto tiempo como me ha sido posible. No tengo las facultades ni las ganas de remover la basura el tiempo suficiente como para no sentir nauseas. Porque si hay algo por lo que destacan las memorias de Édouard Louis, es por el vómito seco que acampan a lo ancho y largo de todas sus páginas. Todo está ahí. No me lo estoy inventando. La rugosidad de cada palabra, el olor insoportable y, por último, el miedo y el asco regurgitado con el fin de explicar qué es y que no es una infancia difícil. Y es que ser uno mismo puede ser un error fatal si tu piel decide por sí misma repudiar a la mugre existencial de todo lo que la rodea.

martes, 10 de marzo de 2015

Claus y Lucas

He acabado siendo víctima de un libro. Sí, un libro me ha hecho bullying, o boolyng, o como se diga cuando un libro te destroza por el simple hecho de ser un ingenuo.  Y es que nada es tan simple como parece. Ni tan superficial como para no ahogarte en el proceso. Sí, el libro de Agota Kristof que publicó allá por 1986, cuando yo acababa de nacer, no es trigo limpio. Es duro en todas las acepciones del término. Y juega contigo. Con la idea de literatura. Y con la multiplicidad de narradores. Este libro ha visto más países que yo. Se ha acostado con más mujeres. Y escupe mucho más lejos. Me siento como Kate Winslet asomada a la baranda del Titanic y manchada por completo con su propia saliva. Tres niveles de realidad. Tres historias contenidas unas en otras. Juegos mentales e identidades solapadas. No, no estoy reseñando la última de Christopher Nolan. Este libro ya estaba en el mundo mucho antes de que este señor hiciese cine.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Book Haul - Febrero 2015

He llegado a la conclusión de que no puedo responsabilizarme de los libros de los que hablo. Y esto lo digo en pleno uso de mis facultades, que no son muchas. No existe elección por mi parte. Y si no soy el que elige, no puedo ser el que asume. Puede que parezca todo lo contrario. Puede que me veas en algún mercadillo de segunda mano o en alguna Central cometiendo el pernicioso acto de intercambiar oro por especias. Y claro, eso podría llevar a cualquiera a una interpretación errónea. No hay nadie más en mi cama, pero igualmente voy a decirlo. ¡No es lo que parece! Para empezar hay libros que no entran en mi campo de visión. Libros que pasan por mi lado y que dejan la misma huella que toda esa gente que va en el metro en hora punta. En segundo lugar están aquellos libros que mi cuerpo rechaza. La arcada bibliográfica. Libros que me hacen mirar a otro lado. Después están los libros que no me eligen a mí, libros con los que intento tener algo pero que no se presentan al encuentro, libros para los que no soy lo suficientemente inteligente o divertido. Libros que no quieren aparecer conmigo en Instagram. Libros-filtro que miran desde arriba a humanos bajitos como yo.  Y por último están los libros que aún no sé que existen. Libros que me esperan. Libros con los que quiero cruzarme, pero con los que nunca llego a colisionar. Éstos son los peores. Éstos me dejan con la sensación hueca de que ahí fuera hay una historia para mí que está siendo escuchada por cualquier otro. Una narrativa a la que también le gustan los domingos pero que todavía no sabe cómo me llamo. Al final, sólo quedan los que son. Estos que traigo. Estos que existen e insisten. A mí ya me valen. Yo no me responsabilizo de ellos. Pero ellos asumen el riesgo.